“¿Qué hubieran hecho ustedes?”

Nos preguntó el presidente de la República cuando explicó por qué subieron los precios de los combustibles.

Les comparto lo que yo haría:

Primero: Apoyar a los transportistas para que no aumenten los precios. Si bajamos los impuestos de la gasolina y el diesel, podemos evitar que suba el transporte público y los costos de transportación de la comida, medicinas y otros productos.

Claro, esto impactaría en el presupuesto, por lo que también tendremos que disminuir los gastos del gobierno, aunque sacrifiquemos algunos proyectos, y así no castigar los bolsillos de los mexicanos.

Segundo: Impulsar nuevas refinerías en México y el uso de energías alternas. Debemos producir nuestro propio combustible para hacerlo más barato.

Tercero: Transparentar los ingresos del petróleo, para saber cuánto produce y en qué se gasta, de manera que la riqueza del país ahora sí se sienta en el bolsillo de los mexicanos.

Cuarto: Apostar a los ferrocarriles para bajar los costos en traslado de productos y convertirlos en un medio de transporte barato y por supuesto, fortalecer el turismo y la exportación.

Quinto: Una estrategia para retener empresas y empleos.

Si Donald Trump es capaz de llevarse empresas de México, estoy segura que nosotros tenemos la misma capacidad para hacer que esas empresas se queden y que vengan otras.

Además de fortalecer el consumo de productos mexicanos para no depender de otras economías.

Sexto: Reducir el sueldo y las pensiones del Presidente, los diputados, los senadores, los gobernadores, los secretarios de estado y los altos funcionarios de cualquier institución pública.

Me queda claro que este ahorro no arreglará el problema, pero no podemos tener funcionarios que ganan al mes, más que lo que cuesta una casa de interés social que los mexicanos se tardan en pagar más de 20 años.

Séptimo: Reducir gastos de publicidad, menos gastos en eventos y ceremonias, y menos gastos de transportación terrestre y aérea de funcionarios, incluyendo en esto a los partidos políticos y las campañas electorales.

Octavo: Combatir la corrupción y la impunidad, pero de verdad. El deber de los funcionarios es servir y no servirse.

Debemos hacer valer la ley, enfrentar y castigar a los corruptos y los corruptores, sin importar el nivel o el ámbito en el que se encuentren.

Noveno: Invertir en educación. Una sociedad más educada exigirá mejores gobiernos y fortalecerá la democracia.

Más educación significa también más información y con ello la democratización de los medios de comunicación donde también estamos atrasados.

Estoy convencida que la educación es la mejor arma para combatir los grandes problemas de México.

Décimo: Atender el origen de nuestros males: la desigualdad. Hoy, el 1% de los mexicanos tiene el 21% de los ingresos del país. La riqueza de los cuatro hombres más ricos de este país equivale a cuatro veces lo que van a recibir los 32 estados de la República para infraestructura este año. Esto no puede seguir así, hay que revisar el modelo económico de nuestro país.

Éstas son algunas de las medidas que creo necesitamos hacer para cambiar la realidad del país, para que sea el esfuerzo, el talento y la dedicación lo que marque nuestro destino en la vida y no dónde ni cómo nos tocó nacer.

Te invito a que me compartas tus propuestas, porque para solucionar los problemas de México, debemos opinar todos los mexicanos. ¡Hazlo por México!